Casas y familias expandidas: la arquitectura de las comunidades de cuidados

Casas y familias expandidas: la arquitectura de las comunidades de cuidados

Imagen de la serie Pose

Lo urbano es un territorio donde la soledad se desarrolla. La soledad, como un síntoma contemporáneo de la conexión y comunicación permanente. Pero la soledad también es un mecanismo de transmisión, de la posibilidad de conocer, de compartir, mediante otros vínculos y otras tecnologías. Uno de esos vínculos son las series digitales. Esas tecnologías espacio-temporales donde narramos en trozos de 40 minutos, historias de la vida. Esos momentos que vivimos en soledad.

Una de estas historias, me ha emocionado profundamente, y me ha permitido comprender la necesidad de reinventar conceptos, profundizar desde el hackeo normativo, y la reorganización de las prácticas, las denominaciones adquiridas que hacemos de la casa en la ciudad contemporánea.

Pose, es una serie americana creada por Ryan Murphy, Brad Falchuk y Steven Canals. La serie, ubicada en la década de los años 80 en la ciudad de Nueva York , trata sobre la comunidad transexual latina y afroamericana de los 80, sus fiestas, su cultura de ballroom, y el despiadado virus del SIDA. Es una serie magnífica, verdadera, honesta y muy bien realizada. Pero no soy crítico de cine. Lo que me parece relevante traer a debate, es como la ciudad para poder cuidar necesita reinventar conceptos básicos y nucleares, como ¿qué es una madre, una familia o una casa? La serie abre, expande e intensifica lo que significan estos conceptos a nuevas posibilidades de cuidar y ser cuidado en la ciudad, desde la precariedad de los mismos y la necesidad de imaginar otras posibilidades. Estos conceptos expandidos generan nuevas posibilidades para la ciudad y la arquitectura. Si no somos capaces de hacerlo, la ciudad ansiosa e instantánea1 desplazará definitivamente el cuidado como práctica.

Una casa es una comunidad de cuidado.

Si entendemos el cuidado, siguiendo a Tronto y Fisher, como “una actividad de especie que incluye todo aquello que hacemos para mantener, continuar y reparar nuestro «mundo» de tal forma que podamos vivir en él lo mejor posible. Ese mundo incluye nuestros cuerpos, nuestros seres y nuestro entorno, todo lo cual buscamos para entretejerlo en una red compleja que sustenta la vida.”2 En este contexto, la casa más que una entidad nominativa separada del cuerpo, el espacio público y la ciudad, es un proceso de cuidados que se forma en continuidad, simultaneidad y de manera cada vez más instantánea en la ciudad ansiosa3. La casa, es en sí misma, una red compleja que sustenta la vida, como dicen Fisher y Tronto, al mismo tiempo aislada y conectada.

De esta manera, la “Casa Evangelista” de Pose, es una comunidad de cuidado en red, donde los conceptos de madre, familia, casa y ciudad se entrelazan y ensamblan en una forma particular de cuidado. El cuidado es una interacción. Se necesita un ser que necesite recibir cuidado y otro ser dispuesto a ofrecerlo. En el caso de la serie, Blanca Rodríguez-Evangelista (Mj Rodríguez), transexual y latina acoge la necesidad de cuidado de Damon (Ryan Jamaal Swain), abandonado de su casa familiar biológica y carente de techo, de hogar y de afectos. En Pose, la interacción del cuidado funda la Casa de Evangelista. Es decir, el cuidado es el afecto que inaugura la casa, el rol de madre de Blanca, y el comienzo de la familia como comunidad de cuidado. En la serie, para que esto pueda suceder, Blanca debe alejarse de la tiranía y la ansiedad que ejerce sobre ella su anterior madre, Elektra fundadora de la Casa de la Abundancia. Este sucede cuando Blanca decide abandonar la Casa de la Abundancia para fundar la Casa de Evangelista. O lo que es lo mismo, emprende su propio proyecto creativo fundando la casa como comunidad familiar de apoyo a los transexuales latinos y afroamericanos. Como hemos descrito y escuchamos en la serie “Una casa, es más que un hogar, es una familia”. En el contexto de la serie, esta frase toma otro significado. Una casa, es una comunidad de cuidado mucho más allá de lo biológico.

El arquitecto como acompañante de comunidades de cuidado.4

Si cuidarse es sinónimo de conocerse, cuidar de los demás, significa aproximarse, conocerlos, entenderlos. También el cuidado de uno mismo implica necesariamente relaciones complejas con los otros5. Cuidar de uno mismo, siempre remite a la interacción con otro. La práctica de la arquitectura es también una práctica de aproximarse al otro. Pero para que el arquitecto sea una figura relevante en el cuidado de lo urbano, es decir, si el arquitecto quiere desarrollarse en las prácticas del cuidado, debe repararse también de la educación y algunos valores adquiridos en un momento donde estas prácticas no estaban en el debate disciplinar.

Los cuidados en la arquitectura revelan la necesidad de dejar de pensar en la autonomía de la arquitectura y su independencia.6

Hoy podemos manifestar en un mayor grado la consciencia de los procesos de diseño desde el cuidado para atender a los procesos de reparación, preservación y mantenimiento de todas las formas de vida y del planeta en sí mismo. De cómo los materiales son obtenidos, desplazados, de cómo nuestros proyectos impactan en el entorno, de cómo nuestras decisiones provocan efectos medioambientales.7

No solo es la casa, en referencia a lo explícito de la serie descrita, una comunidad de cuidados más allá de lo humano. Sino, como decíamos al principio, el conjunto de diferentes mundos que incluye nuestros cuerpos, nuestros seres y nuestro entorno. Y de esta manera, propondría un ejercicio mental ¿Podemos observar la ciudad como una red compleja de comunidades de cuidado que sustentan la vida? ¿Qué conclusiones podemos sacar al hacer esa observación? Y una vez realizado este pequeño ejercicio yo me preguntaría: ¿Cuánta diversidad aceptamos y creamos sobre las comunidades de cuidado en la ciudad? ¿De cuántas participamos? ¿Cómo las diseñamos material y espacialmente? ¿Qué rol adquirimos los arquitectos en su concepción, acompañamiento y ejecución?

Creo sinceramente que necesitamos expandir los conceptos de casa y comunidad de cuidados a todo el vasto territorio de la ciudad y nuestro entorno para que como arquitectos seamos capaces de observar y diseñar la ciudad como un lugar donde cuidarnos materialmente8 y afectivamente9. Más que lo biológico, más que humano y más allá de nuestro entorno cercano. “Como sociedad lo que cuidamos determina qué clase de sociedad somos.”10 Cómo arquitectos lo que cuidamos determina qué clase de arquitectos somos.

1 El anterior festival urbanBAT18 desplegó un interesante proceso de medición de esa ciudad instantánea que sucede, en cada ciudad, como una matriosca de ciudades ansiosas por existir rápidamente. AAVV. “Miradas sobre la ciudad instantánea” Urban Bat Eds. Bilbao. 2018.

2 Fischer y Tronto “Toward a feminist theory of caring” Circles of care. Eds. Emily k. Abe and Margaret K. Nelson. Suny press, Albany, New York. 1990.

3 Gil-Fournier, Mauro. Tesis doctoral. “La ausencia de exterioridad en la arquitectura contemporánea”. Tesis Doctoral. UPM. Madrid, 2016.

4 Entiendo este texto como una continuidad del artículo que escribí en el año 2012 en La revista digital La Ciudad Viva que abrió para mí una línea de trabajo sobre la arquitectura y los cuidados. http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=13071

5 Foucault, Michel. “Tecnologías del yo” (1982). Paidós, Barcelona, 1991. También entrevista de la revista Concordia nº 6 (1984) a Michel Foucault, “La ética del cuidado de uno mismo como práctica de libertad”, 20 de enero de 1984.

6 Krasny, Elke. “Architecture and Care” en Critical Care. Architecture and urbanism for a broken planet. Fitz, Angelika, Krasny Elke, Archizentrum Wien Eds. Mit press. Cambridge, 2019. pag 39.

7 Tronto, Joan C. “Caring Architecture” en Critical Care. Architecture and urbanism for a broken planet. Fitz, Angelika, Krasny Elke, Archizentrum Wien Eds. Mit press. Cambridge, 2019. Pag. 31.

8 Sobre la materialidad de los cuidados: https://maresmadrid.es/actualidad/la-materialidad-de-los-cuidados/

9 Sobre la materialidad de los afectos http://viveroiniciativasciudadanas.net/2016/12/29/afectos-materiales-en-el-openlabs/

10 Tronto, Joan C. Ibidem, Pag.30.

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Mauro Gil-Fournier Esquerra

Mauro Gil-Fournier Esquerra (1978). Licenciado Arquitecto ETSAM, 2004. Doctor Arquitecto UPM (2016).

Es codirector de la oficina de arquitectura estudio SIC (2009) y de estudio FAM (2002). También es cocreador de la plataforma de investigación-acción Vivero de Iniciativas Ciudadanas VIC (2008). Ambas estructuras están comprometidas en la coproducción de la innovación urbana y ciudadana. Primer premio Reinventing Cities 2019 con Urban Battery en Madrid. Desde 2017 colidera el proyecto europeo Mares de Madrid en el programa Urban Innovative Actions de la UE (2017-2019) También coproduce la plataforma digital de innovación ciudadana civics.cc premiada por la fundación EULAC como mejor iniciativa ciudadana Iberoamericana (2018). Es Fellow Residence en ArtOMI, New York (2019) Los proyectos de la oficina han sido premiados como el Detail Prize, Bauwelt Price, finalista en AR Arwards for emerging architecture, premio FAD, Mies Van der Rohe, entre otros.

Su tesis doctoral se titula: “La desaparición de la exterioridad en la arquitectura contemporánea: una operativa complementaria, redes y espumas”. Ha sido expuesta en el pabellón español de la Bienal de Arquitectura de Venecia (2018). Escribe en revistas científicas y digitales como La ciudad viva o El estado Mental y en periódicos como El País o La Cadena Ser.

Sus trabajos son expuestos, y publicados en lugares como la II Bienal del Espacio Público de Roma, (2013), la Trienal de Arquitectura de Lisboa, (2013), la Householding Fair en Bauhaus Dessau, (2015) o la Trienal de Arquitectura de Oslo, (2016), entre otros. Es ponente en numerosas universidades y foros en España, Latinoamérica y USA. Su trabajo está constantemente actualizado y publicado en más de 50 revistas y libros en Asia, América y Europa como A+U, Arquitectura Viva o Domus.