Ciudades y Cuidados

De la ciudad productiva a la ciudad multidimensional.

Tras décadas de industrialización nuestras ciudades, en sus dimensiones física y legislativa, son lugares orientados a la productividad. En ellas se puede, materialmente y de una forma relativamente sencilla y cotidiana, repartir mercancías, disponer publicidad de una actividad comercial o ir conduciendo a trabajar. Existen normas que regulan estas actividades, que permiten e incluso apoyan su realización y que nos dicen cómo, cuándo y dónde debemos ejecutarlas. Esas normas buscan el equilibrio entre el derecho individual y el interés colectivo.

El privilegio del que han gozado las actividades productivas ha forzado a definir a lxs ciudadanxs como individuos que contribuyen a la productividad. Lxs ciudadanxs son caracterizados por su dimensión laboral (empresarixs o empleadxs, profesionales o funcionarixs). Sus características biológicas (edad, capacidad cognitiva o estado físico) y subjetivas (afectos, desafectos o estados anímicos) no son consideradas cuando se conforma, se diseña, se regula y se gobierna la ciudad. Esta negación no sucede solo en términos prácticos: el problema mayor no se limita a que la ciudad sea difícil de usar para personas que ven mal o que no soportan bien el stress. La negación de las dimensiones biológicas y subjetivas de lxs ciudadanxs se ha socializado y normalizado hasta convertirse en un principio cultural y, fundamentalmente, político.

Nuestras ciudades son un medio más hostil para las actividades no vinculadas a lo productivo: intentar dormir un poco, usar un servicio, beber agua limpia sin pagar, respirar aire no contaminado, divertirse sin consumir o pasear con un bebe sin mojarse un día con lluvia, constituyen una gran hazaña en la ciudad actual. El interés normativo hacia estas prácticas ha sido marginal. Cuando existen regulaciones que hacen alusión a estas actividades tienen, generalmente, su prohibición o limitación como objetivo.

Las mujeres, históricamente, han realizado muchas tareas que se regalan o se dan sin valor de mercado, actividades llamadas reproductivas, en las que los aspectos biológicos y subjetivos resultan determinantes. Las mujeres, no sólo han atendido a otros sin esperar compensación económica, sino que lo han hecho sin la vigilancia de una regulación institucional o empresarial. Esto ha generado un capital único, enormemente rico social y culturalmente, pero tradicionalmente invisible y desarticulado: el patrimonio de los cuidados. Cuidados que comprenden, una gran maraña de actividades: satisfacción del descanso, protección de la salud, preservación de la intimidad, obtención del placer, ejercicio de la higiene, el juego o el afecto etc. Estas y otras prácticas, movilizan, cuestionan y retan a las mayores dos estructuras que conforman las ciudades: el espacio doméstico y el público, imponiendo una fusión conciliadora que hace que la ciudad actúe como casa y a la inversa. Así mismo, aúnan la atención activa al cuerpo individual y la necesidad de (re) naturalizar la ciudad.

Hacia una arquitectura de los cuidados

También la arquitectura ha descuidado la construcción de espacios urbanos que ati-endan a los cuidados. Para incorporarlos de forma visible y estructurada deberíamos impulsar:

  • Una ciudad y una arquitectura que atiendan a las capacidades innatas del ser humano y a las adquiridas en toda su diversidad.
  • Una arquitectura y una ciudad que conciban, como parte fundamental de su diseño, la experiencia que lxs ciudadanxs de diferente condición van a tener en ella.
  • Construcciones que conciban el tiempo de una forma continua, compatible con la percepción subjetiva, introduciendo como condicionantes fundamentales de diseño lo que sucede antes y después de usar un edificio, un equipamiento, o un barrio.
  • Diseños que estudian la experiencia no solo en sus dimensiones individuales si no, también, como un constructo social, empleando, muy probablemente para aprehender esta dimensión social de la experiencia métodos participativos que informen su diseño.
  • Arquitectura y ciudades que contribuyen consciente y planificádamente a construir patrones y excepciones que ayudan a la navegación y la orientación en la ciudad.
  • Planificaciones que equilibran los intereses públicos y privados en la ciudad teniendo en cuenta de forma activa no solo las necesidades de los usuarios de primer grado (propietarios, arrendatarios o usuarios directos) si no las del resto de ciudadanxs.
  • Ciudades permeables y conectivas; que permiten que haya una conexión entre las actividades privadas y públicas.
  • Arquitecturas y ciudades que tienen la calidad, el detalle y la singularidad suficientes para poder ser consideradas un logro común y meritorio por la comunidad que las usa para contribuir a la construcción de identidad.

Celebrar la diversidad

URBANBATfest quiere celebrar, reconocer, visibilizar, socializar e impulsar el capital de los cuidados, y su carácter intrínseca y culturalmente femenino; contribuir a construir una definición viva, activa, articulada y visible de la noción de los cuidados, abordándolos desde la diversidad y desde la complejidad.

Para ello hemos organizado un programa de actividades que congreguen a técnicxs, ciudadanxs y gobernantxs a ser copartícipes de un diseño y una gestión urbana inclusiva y cuidadora. Será posible entonces repensar nuestras ciudades y su modelo de gobernanza atendiendo a los cuidados individuales y colectivos de los que habitamos la ciudad.

Muchísimas gracias a Izaskun Chinchilla por ayudarnos con la redacción del texto que pone marco a esta edición del festival.

Festival de arquitectura, urbanismo e innovación social